
En los próximos años, ya de forma inmediata, las políticas del mercado laboral vendrán cada vez más impulsadas por la necesidad de mejorar la calidad del empleo, más que por aumentar su cantidad. Los actores del mercado laboral, la administración y los agentes sociales tendremos que dar respuestas a cambios culturales, demográficos y productivos. Nos movemos hacia un sistema productivo basado en la sociedad del conocimiento y hacia un escenario de pleno empleo o próximo al pleno empleo. Un horizonte en el que los recursos humanos cobrarán una importancia aún más relevante de la que ahora ya tienen.
La incorporación de la mujer al empleo, el envejecimiento de la población y una demanda cada vez más exigente de recursos humanos bien formados y motivados, van a marcar la totalidad de las políticas del mercado laboral de forma inmediata.
En este contexto, cada vez será más necesario facilitar la incorporación y la permanencia de más trabajadores en el sistema productivo, en particular de mujeres, pero también de trabajadores de edad. Sólo podremos alcanzar el éxito si contamos, entre otros recursos, con políticas adecuadas para facilitar la conciliación de la vida laboral, familiar y personal. Una verdadera conciliación del empleo, las responsabilidades familiares y la vida personal exige que se produzcan y consoliden cambios, en buena medida ya iniciados, en torno a:
Por ello, una intervención pública por la conciliación debe poner estos aspectos como objetivos, pero no puede renunciar a poner en marcha, con carácter previo, acciones de carácter temporal que sirvan para: